Hoy me he levantado
de buen humor
he sacado al perro
y luego me he dado cuenta
de que no tengo
pero le he buscado tres pies al gato
para no tropezarme con ninguno
sin embargo ha hecho su efecto
porque he tropezado con mi cuarto

mandamiento:
“no serás víctima de nadie
ni de ti misma”

He pensado en mi psicólogo
y luego me he dado cuenta
de que tampoco tengo
así que quizás por eso estoy
menos loca que ayer
o quizás por eso enloqueceré
un poco más de la cuenta
no lo sé por eso creo
que mi psicólogo me abandonó
y no lo culpo pero yo
no me puedo abandonar
me he peinado para salir de fiesta
y me he ido a trabajar
-paradoja-
pero me gusta el día

está bonito,
soportar el tráfico de este
invernadero de asfalto

Me han entrado ganas
de comprar una botella de whisky
y luego me he dado cuenta
de que lo aborrezco
con lo cual me he tomado
un chocolate caliente que además
me ayuda a endulzar el cuento
y no suena tan destructivo

el mensaje cifrado
-en realidad me veo
de buen humor-

He subido al bus
para no perderme el camino
y por el camino me he perdido
sabiendo que no tengo
perro, psicólogo ni whisky
y yo quería, os prometo
que yo quería al menos
un dichoso perrito
que me sacara a pasear
todas las mañanas
todas las noches
pero qué puedo hacer
sin perro psicólogo ni whisky
pero qué puedo hacer
si me hace más feliz
despertarme a tu lado
y que me digas

“no te vayas”.
Somos renegados
que ofrecemos discordia,
somos hijos de los errores
y amantes de los perdones
porque nos queremos perdonar.

Somos pasión
que no se pierde,
mordisco en la garganta
para no gritar.

Somos terroríficos
que piensan en un pasado,
somos valientes manos
con sus uñas transparentes
para arañar nostalgias.

Somos poesía
que no se aprende,
palabras en la garganta

para no gritar.
Se cruzan conmigo por la calle, 
me miran, me sonríen
sin conocerme.
Qué más da.
Ellos son un decorado.
Hombres que acechan,
ridículos
que no saben a quién miran.
No tienen ni idea
pero yo se lo diré:


observad,
aquí, 
un saco de lágrimas, 
un vagón vacío
repleto de historias, 
una caja de música
sin clave de sol, 
una búsqueda incansable
llamada soledad.
Alguna vez me adentro en un lugar que es sólo mío,
y como no hay nadie más estás tú
y te pienso tan bonito
que todos los sentidos se vuelven naturaleza
y tus colores se revuelven en mis tripas
y tus collares se repiten en mis manos
y mis manos arden en ese espacio
en el que podrías estar tú.

El calor me devuelve a la realidad pero ahí sigues,
aún no te has ido
y quizás no te vayas porque el lugar es mío, nuestro,
mi mente juega con el calor, con el tiempo
y con tu recuerdo
pero es adicta a tus palabras
y a tu viento.

A veces me adentro en un lugar que es sólo mío
y cuando no estás ahí estás,
ahí nos arropamos, nos besamos,
hacemos el amor
y reímos. 

La gente me mira sin entender.
Yo tampoco entiendo.
Me gustaría decirles, explicarles... Si ellos supieran...
Yo sólo amo.
Hagamos una cosa.
Destapemos ventanas.
Derribemos paredes.
Tumbemos puertas.
Vamos a a destrozar
las habitaciones, 
los límites,
los muros que no existen.
Vamos a mojarnos 
hasta que nuestra burbuja
sea un acuario 
sin espacio ni tiempo.
Derribemos paredes.
Tumbemos puertas.
Hemos hecho la ecuación,
las matemáticas 
son exactas.
Caerán los muros.
Destapemos ventanas.
Hagamos una cosa:
Destrocemos esta casa
que nos pide a gritos
que vayamos a vivir
y vivamos.

Dos niños juegan a amarse
y hacen cosas de mayores,
cosas que no entienden
pero que parecen grandes.
Se ríen de la noche y del día
porque el tiempo de los dos
es un tiempo para niños,
rápido,
travieso,
espontáneo,
que los hace crecer y creer,
creerse.

Dos niños juegan a amarse
con las palabras y los cuentos,
pero ni siquiera saben
que los cuentos son de verdad
-ellos simplemente inventan-
y su amor se transforma
en una gran poesía -caricia-
que los reconforta.

Dos niños juegan a amarse
con la media sonrisa de él,
con la mirada atenta de ella,
con la locura de ambos.
Juegan a ser mayores
pero no pierden la esperanza
en quedarse siempre así,
pequeños, sensibles, totales.

Dos niños juegan a amarse
como si fuéramos nosotros.

ARCO IRIS EN BOGOTÁ

El absurdo viaje de los corazones tristes.
Rojo en los labios del acento sin zeta.
La razón de ser de las gentes grises.
Naranja que atardece entre rascacielos y nubes.
La ilusión de los niños.
Amarillo germinando, el maíz resplandece.
La sonrisa de todos.
Verde que se sueña en una ciudad sin oxígeno.
La única bandera de la lluvia y del sol.
Azul de los domingos, antes de las tormentas.
El espejismo de los pájaros.
Índigo anocheciendo a las cinco de la tarde.
El reflejo de la poesía.
Violeta diluyéndose en las cigarrerías y los bares.
La frontera de los alicaídos.

Rojo
       naranja
                   amarillo.
                                 Verde
                                           azul
                                                 índigo.
                                                           Violeta
y aparte, para dejar un punto y final.