No quiero que hablemos de amor, 
las palabras se me quedan 
grabadas en la piel 
sólo si me acaricias, 
sólo si me consientes, 
sólo si me abrazas 
y en ese abrazo tuyo 
siento tu calor 
-o tu frío, congelándome 
las entrañas- 
y parece primavera 
debajo de las sábanas 
porque me siento primavera 
hasta las seis de la mañana.

Háblame con este lenguaje simple 
que hemos creado: 
el de las miradas, 
el de los besos, 
el de tu mano en mi espalda.
Sólo así te entenderé, 
sólo así querré escucharte 
para que nuestra verdad 
-tan imperfecta 
como nosotros- 
sea como el humo 
de ese cigarrillo: eterna.
Son recuerdos,
objetos perdidos de gente
que encontramos por el camino.
Son historias pasadas
atrapadas por las huellas dactilares
que conforman una memoria.
Son las cosas
que un día dejan de servirnos
y se convierten en desechos.
Son las cosas
que hoy nos negamos a soltar
porque todavía nos queremos.

Son la vida
y la muerte cuando se olvidan.

Son el amor
y la miseria de mantenerlo.
No es sólo tu ausencia,
es tu sonrisa
tu mirada
tus manos
-sabes que tengo
un pacto de tacto
con tus manos-
tu forma de darme
las gracias
mi forma de quitarte
los años
y la ropa.

No es sólo tu ausencia,
es que aún no te has ido
y ya te echo de menos.
Estoy llena de vida
que son personas.

Pienso en cosas
y no me importan.

Tengo recuerdos
si pienso en amor
y me duele todo 
si tengo respuestas.

No espero materia
porque deseo química,
esa que entre tú y yo
aparece sin querer.

Pregunto sobre la vida
que son personas.

Las cosas se acumulan
y me entran arcadas.

La ciudad también 
se convierte en eso
y por eso me engulle
y me absorbe a la vez.

No necesito nada más 
que uno o dos nombres.

Se acaban las cosas
y el tiempo vuela.

Tengo muchos libros
algunas postales
y bastantes fotos
porque son mi memoria.

Estoy llena de abrazos 
que son personas.

Cuento mis cosas
y huyo, 

¡adiós!
Diálogo breve con la poesía.
- Me gusta cuando callas 
porque estás como ausente.
- Vete a la mierda.
Sucede, es cierto.

Algunas veces la distancia es mayor
de lo que parece.
Algunas veces lloro porque me emociona
el llanto de mi abuela.

Algunas veces me soporto con paciencia
y luego ya no.
Algunas veces los abrazos desde España
suenan a consuelo.

Sucede, la poesía 
se me escapa de las manos
algunas veces.
Tengo que creer en mí
porque no hay dios que me entienda.
Arrancarme las raíces
-donde sea que estén-
y crecer fuerte, crecer humilde,
pero de paso, crecer.
Quiero pensarme mucho
hasta el punto de poder 
quererme.
Quiero explotar, afectarme,
ver que soy capaz de apagarme 
y reconstruirme.
Quiero escribirme con 
puntos suspensivos para que 
cada pausa merezca mi risa.
Debería creer en mí
ahora que tengo voz y voto,
miles de preguntas
-quizás-
unas cuantas vidas
por delante por dejar atrás.
Una rama se me rompió
anoche mientras diluviaba.
La barbarie ha entrado en casa,
empapada.
Bienvenida,
soy yo misma.