Diálogo breve con la poesía.
- Me gusta cuando callas 
porque estás como ausente.
- Vete a la mierda.
Sucede, es cierto.

Algunas veces la distancia es mayor
de lo que parece.
Algunas veces lloro porque me emociona
el llanto de mi abuela.

Algunas veces me soporto con paciencia
y luego ya no.
Algunas veces los abrazos desde España
suenan a consuelo.

Sucede, la poesía 
se me escapa de las manos
algunas veces.
Tengo que creer en mí
porque no hay dios que me entienda.
Arrancarme las raíces
-donde sea que estén-
y crecer fuerte, crecer humilde,
pero de paso, crecer.
Quiero pensarme mucho
hasta el punto de poder 
quererme.
Quiero explotar, afectarme,
ver que soy capaz de apagarme 
y reconstruirme.
Quiero escribirme con 
puntos suspensivos para que 
cada pausa merezca mi risa.
Debería creer en mí
ahora que tengo voz y voto,
miles de preguntas
-quizás-
unas cuantas vidas
por delante por dejar atrás.
Una rama se me rompió
anoche mientras diluviaba.
La barbarie ha entrado en casa,
empapada.
Bienvenida,
soy yo misma.
A Aída

Me cuentan un secreto
que siento que ya conocía.
En la calle aún quedan
tres gatos y la lluvia.

Mereces un cuento
sin hadas y con magia,
de esos que escuecen
porque nunca acaban
porque son de verdad
porque se inventan solos.

Va a quedar, por fin,
la prueba de que existes.
Nunca es tarde para gritar,
morderte las uñas,
depilarte las cejas,
cantar a la luna,
leer a Tolstoi o a Borges.

El final abierto,
la respuesta que
nunca llega.

En casa seguirá el ruido,
pero tú estarás viviendo
y eso sí lo sabes.

El mejor secreto es aquel
que se cuenta con la mirada.
En la calle aún quedan
tres borrachos y la lluvia.

Tómate tu tiempo y escribe
ese desenlace perfecto
de esos que escuecen
porque son excitantes
porque son obras maestras
porque se inventan solos.
Hoy te he soñado distinto:
eras más alto
estabas más canoso
sonreías
hablabas sin parar
-apenas en susurros-
y me recitabas versos,
no sé si para enamorarme
o para complacerme
(tampoco importa, 
era sólo un sueño).
Yo te miraba a los ojos,
observaba tu boca,
tus gestos
y eras tan distinto
que seguías siendo tú,
el de ahora,
el de hace un rato
-peligroso, atento...-
fascinado por mí
pero nada más.

Nada más salvo esto:
el patético dilema 
entre el sueño y la realidad.
Mi amor no te mancha,
no te condena ni te subestima,
no pretende dañarte
porque es sincero
porque te admiro,
te cuento
-uno, dos, tres...-
mi amor es discreto
es dulce pero provocativo,
te va buscando
porque eres sincero
porque estás loco,
te cuento
-cuatro, cinco, seis...-
mi amor es una caricia,
un soplo de aire fresco
que durará hasta que acabe
o hasta que deje de contar
-siete, ocho, nueve...-
 Tengo tanta hambre que me comería
cada parte de tu cuerpo
y sólo dejaría tu corazón
libre
para sentirme, tal vez.