Alguna vez me adentro en un lugar que es sólo mío,
y como no hay nadie más estás tú
y te pienso tan bonito
que todos los sentidos se vuelven naturaleza
y tus colores se revuelven en mis tripas
y tus collares se repiten en mis manos
y mis manos arden en ese espacio
en el que podrías estar tú.

El calor me devuelve a la realidad pero ahí sigues,
aún no te has ido
y quizás no te vayas porque el lugar es mío, nuestro,
mi mente juega con el calor, con el tiempo
y con tu recuerdo
pero es adicta a tus palabras
y a tu viento.

A veces me adentro en un lugar que es sólo mío
y cuando no estás ahí estás,
ahí nos arropamos, nos besamos,
hacemos el amor
y reímos. 

La gente me mira sin entender.
Yo tampoco entiendo.
Me gustaría decirles, explicarles... Si ellos supieran...
Yo sólo amo.
Hagamos una cosa.
Destapemos ventanas.
Derribemos paredes.
Tumbemos puertas.
Vamos a a destrozar
las habitaciones, 
los límites,
los muros que no existen.
Vamos a mojarnos 
hasta que nuestra burbuja
sea un acuario 
sin espacio ni tiempo.
Derribemos paredes.
Tumbemos puertas.
Hemos hecho la ecuación,
las matemáticas 
son exactas.
Caerán los muros.
Destapemos ventanas.
Hagamos una cosa:
Destrocemos esta casa
que nos pide a gritos
que vayamos a vivir
y vivamos.

Dos niños juegan a amarse
y hacen cosas de mayores,
cosas que no entienden
pero que parecen grandes.
Se ríen de la noche y del día
porque el tiempo de los dos
es un tiempo para niños,
rápido,
travieso,
espontáneo,
que los hace crecer y creer,
creerse.

Dos niños juegan a amarse
con las palabras y los cuentos,
pero ni siquiera saben
que los cuentos son de verdad
-ellos simplemente inventan-
y su amor se transforma
en una gran poesía -caricia-
que los reconforta.

Dos niños juegan a amarse
con la media sonrisa de él,
con la mirada atenta de ella,
con la locura de ambos.
Juegan a ser mayores
pero no pierden la esperanza
en quedarse siempre así,
pequeños, sensibles, totales.

Dos niños juegan a amarse
como si fuéramos nosotros.

ARCO IRIS EN BOGOTÁ

El absurdo viaje de los corazones tristes.
Rojo en los labios del acento sin zeta.
La razón de ser de las gentes grises.
Naranja que atardece entre rascacielos y nubes.
La ilusión de los niños.
Amarillo germinando, el maíz resplandece.
La sonrisa de todos.
Verde que se sueña en una ciudad sin oxígeno.
La única bandera de la lluvia y del sol.
Azul de los domingos, antes de las tormentas.
El espejismo de los pájaros.
Índigo anocheciendo a las cinco de la tarde.
El reflejo de la poesía.
Violeta diluyéndose en las cigarrerías y los bares.
La frontera de los alicaídos.

Rojo
       naranja
                   amarillo.
                                 Verde
                                           azul
                                                 índigo.
                                                           Violeta
y aparte, para dejar un punto y final. 
Que la tierra te sea leve
para que cada momento sea tu carpe diem,
para que vivas deprisa pero con esmero,
para que sonrías despacio pero de verdad,
para que seas tú y no tengas miedo,
para que cada persona sea un regalo
y ese regalo aprendizaje
coraje
afecto
pregunta
melodía
sabor
encuentro.

Que la tierra te sea leve
para que pises con fuerza el barro en las calles,
para que siempre puedas reírte de los tontos,
para que sepas que somos tontos y nos reímos,
para que no te de tiempo a subestimarte,
para que tu corazón se agrande
y ya conozca la palabra
río
calor
roce
sangre
enigma
familia.

Que la tierra te sea leve
y que el tiempo te sea muy breve
porque serás feliz.
No cuentes los meses,
no dilates los minutos ni los días
porque serás feliz.

Cuenta tu vida,
inventa tus minutos y tus días
porque serás feliz.

Que la tierra te sea leve
porque sino, morirás pronto.

No quiero que hablemos de amor, 
las palabras se me quedan 
grabadas en la piel 
sólo si me acaricias, 
sólo si me consientes, 
sólo si me abrazas 
y en ese abrazo tuyo 
siento tu calor 
-o tu frío, congelándome 
las entrañas- 
y parece primavera 
debajo de las sábanas 
porque me siento primavera 
hasta las seis de la mañana.

Háblame con este lenguaje simple 
que hemos creado: 
el de las miradas, 
el de los besos, 
el de tu mano en mi espalda.
Sólo así te entenderé, 
sólo así querré escucharte 
para que nuestra verdad 
-tan imperfecta 
como nosotros- 
sea como el humo 
de ese cigarrillo: eterna.
Son recuerdos,
objetos perdidos de gente
que encontramos por el camino.
Son historias pasadas
atrapadas por las huellas dactilares
que conforman una memoria.
Son las cosas
que un día dejan de servirnos
y se convierten en desechos.
Son las cosas
que hoy nos negamos a soltar
porque todavía nos queremos.

Son la vida
y la muerte cuando se olvidan.

Son el amor
y la miseria de mantenerlo.