LOS INTERESES CREADOS, BENAVENTE

Leandro. Pero ¿no viste que mal podía serlo? Si hubiera mentido para ser amado y ser rico de este modo hubiera sido porque no amaba, y mal podía ser feliz. Y si amo, ¿cómo puedo mentir?

Crispín. Pues no mientas. Ama, ama con todo tu corazón, inmensamente. Pero defiende tu amor sobre todo. En amor no es mentir callar lo que puede hacernos perder la estimación del ser amado.

Leandro. Esas sí que son sutilezas, Crispín.

Crispín. Que tú debiste hallar antes si tu amor fuera como dices. Amor es todo sutilezas, y la mayor de todas no es engañar a los demás, sino engañarse a sí mismo.

Leandro. Yo no puedo engañarme, Crispín. No soy de esos hombres que cuando venden su conciencia se creen en el caso de vender también su entendimiento.

Crispín. Por eso dije que no servías para la política. Y bien dices. Que el entendimiento es la conciencia de la verdad, y el que llega a perderla entre las mentiras de su vida, es como si se perdiera a sí propio, porque ya nunca volverá a encontrarse no a conocerse, y él mismo vendrá a ser otra mentira.

Hay un momento de indecisión
en la esquina de la escalera.
Sí, parecemos dos niños pequeños,
pero entonces los besos
no importaban tanto,
o no significaban mucho.
Sácame una moneda de la oreja,
quítame la nariz,
hazme burla con voz de pito,
canta una canción de Fofó,
enséñame a montar en bici
-pero con ruedines
y con tus brazos-.
Déjame quererte como
una niña pequeña
pero no me mientas:
mi corazón está cansado
de tanto cuento.


Lo soñé
y llegué a pensar
que era cierto.

Todo porque
en mis sueños
no te atreves
a darme la espalda.

A CINCO MINUTOS

Un momento esperado
desde hace tanto tiempo
me lleva a ti,
y me enfrío.

Me enfrío
pero no puedo escapar
ni gritar
ni patalear
porque no tengo edad para ello
y debo ser civilizada.

Tirito.
Un trueno me sobrecoge.
Parece que está lloviendo,
pero el termómetro marca 20ºC.

Lo que sucede después
ni yo me lo explico
porque los momentos tan esperados,
cuando pasan
(y pesan rápidamente)
son fáciles de olvidar.

El reloj manda.
Un frío glacial congela
mis ganas de hablarte
pero, ¿a quién le importa?
Mañana todavía
es Primavera,
y hay que sonreír
antes de que nos castañeen
los dientes.