MEDIOCRIDAD

Me río yo de los mediocres.
¡Somos tan graciosos…!
Correteamos alrededor
de los sublimes
portadores de éxito y gracia.
Nosotros los mediocres,
tenemos nombres
de actores secundarios
y somos artistas
muy a nuestro modo.
No creemos en
pirámides sociales,
escalas
o elitismo:
Uno se conforma siempre
con ser menos mediocre
que el de al lado.

Los mediocres
no ganamos la lotería,
no coleccionamos sellos,
no jugamos al golf
ni solemos ir al Café Central.

En cambio,
tenemos algo de bohemios,
sabemos francés
-algunos se atreven
con el chino-,
no hacemos ascos
al vino malo
ni al ron bueno,
y reivindicamos
la mediocridad
porque últimamente
está siendo rechazada.

Nos confundimos
entre la multitud,
pero en realidad somos
un grupo aparte.
No es que no queramos
relacionarnos;
Es que esta sociedad
de este siglo XXI,
pretende una perfección
en la que no encajamos.

PESTAÑAS Y DESEOS



La primera vez que se me cayó una pestaña, mi madre la cogió y, enseñándomela bien sujeta en su dedo índice, dijo:
- Pide un deseo.
Cerré los ojos y soplé, y la pestaña voló porque ya no me pertenecía.
Yo volví a mi vida diaria, y el deseo no se cumplió.

Hubo otras después de ésa; más o menos largas, más o menos oscuras… Pero ninguna me daba lo que le pedía.
Al final, la última pestaña que se me cayó, me concedió el último deseo que pedí: no se me volvieron a caer más pestañas.

A veces las cosas más simples se consiguen por inercia.

CONFUSIÓN DE TÉRMINOS

La raza humana, inteligente y conocedora de su lenguaje, cada uno que se de por aludido a su manera, debe tener en cuenta ciertos términos que pueden dar lugar a una confusión.
Por ejemplo:
No es lo mismo mentir que ocultar la verdad.
No es lo mismo resistir que luchar, ni perder que abandonar.
No es igual que tu mejor amigo sea tu amante, a que tu mejor amante sea tu amigo.
No es lo mismo echar de menos que estar melancólico.

No se puede confundir amistad con compañerismo, amor con cariño, independencia con hastío.

No puede ser lo mismo decir “adiós” que despedirse.
No puedes ser tú y yo al mismo tiempo.
No es lo mismo leer un poema que leer a un poeta.

No es comparable lo que soy, con lo que seré, ni mucho menos con lo que sería.
No es lo mismo un pájaro en mano que ciento volando.
No es lo mismo hablar que escribir.

No, no es lo mismo.
Por eso la raza humana no es igual a perfección.