UN SUEÑO A TRAVÉS DEL RETROVISOR

Un poeta
me incita a la vida
mientras pienso
que tú también eres poeta.
Me drogo
con tu mirada
cuando me miras,
de reojo,
animándome a bailar.
Son las luces
y ese verso
que crees que no has
compuesto
pero que se debate
a vida o muerte
en un papel virgen.
Algo tan tonto
como el paisaje,
reflejándose a zancadas
en el retrovisor,
me hace pensar en ti.

Y de noche,
cuando dicen
eso de que
"todos los gatos son pardos",
se hace todo un
poco más difícil,
porque la razón
me hace un poco menos
de caso.
El sueño a través
del retrovisor
desaparece,
y vuelvo a ser copiloto
de un viaje extraño.
Tú no eres el conductor.
Ni siquiera vas en
la parte de atrás,
apoyándome
con esa forma de ser tú
que sólo tú sabes hacer.
Así que, básicamente,
estoy jodida
(con perdón).
O bueno, puede ser
que necesites tiempo,
o yo esperarte,
y mi poesía y mi boca
sabrán llamarte
con delicadeza, soltura,
agilidad,
secretismo...
A través del retrovisor
siempre se ve algo del revés
pero mucho más claro.


IDEAS I

Las personas en la calle gritan: ¡viva la República!
Y entonces yo me pregunto: “¿De verdad está todo perdido?”
Cuando aún nos quedan fuerzas para salir y unirnos,
aunque sólo sea durante una hora llena de tricolores,
la verdadera lucha, la nuestra, da que pensar.
Pensar… Un verbo lleno de potencial.
Yo pienso. Tú piensas. Suena bien, ¿no?
Pues lo mejor no es eso, lo bueno viene cuando se demuestran esos pensamientos y no huimos de ellos.
¿De qué tenemos que avergonzarnos?
¿De querer la igualdad para todos?
¿De odiar el capital y a los bancos?
¿De pretender una verdadera democracia?
No, creo que precisamente estos no son pensamientos
de los que debamos escondernos.
Aceptamos que el mundo es una mierda,
pero no aceptamos que parte de esa mierda es culpa nuestra, así que todos los cambios que necesitamos, van para largo.
Cada vez que intento vivir mi vida conforme a mis ideales o a mis sueños, viene alguien y me estampa contra la pared, no sé si por envidia, enfado o discriminación.
A veces piensas que no te queda otra alternativa:
Hay que ser como la mayoría.
Sólo hay una pega: la mayoría aburre, la mayoría no piensa, la mayoría prefiere una telenovela a un libro, o
despotricar sobre los inmigrantes cuando están pagando 8 € por hora a una mujer ecuatoriana que les limpia la casa una vez a la semana.
La mayoría ignora muchas cosas.
Estoy condenada a desengañarme de todo esto,
pero todavía tengo la esperanza de que nos demos cuenta de todo lo que estamos destrozando. Todo lo que pudo haber sido y lo que tenemos –y sobre todo, no tenemos- ahora.
Lo malo es que el idealismo te lleva a la soledad.
Y confieso que eso sí me da miedo. Aunque afortunadamente puede más conmigo
el sentimiento o casi presentimiento de que nunca estaré sola, porque siempre tendré a alguien a mi lado, con mis mismos o parecidos pensamientos y mis ironías sobre la vida.

Pensar. Sí, es un verbo conflictivo.
Una sociedad que te hace pensar tanto, no puede ser buena.



EL EXTRANJERO, ALBERT CAMUS

  • Comenzó el interrogatorio. Me dijo en primer término que se me describía como un carácter taciturno y reservado y quiso saber cuál era mi opinión. Respondí: "Nunca tengo gran cosa que decir. Por eso me callo."
  • Pensé a menudo entonces que si me hubiesen hecho vivir de un árbol seco, sin otra ocupación que la de mirar la flor del cielo sobre la cabeza, me habría acostumbrado poco a poco. Hubiese esperado el paso de los pájaros y el encuentro de las nubes como esperaba aquí las curiosas corbatas de mi abogado y como, en otro mundo, esperaba pacientemente el sábado para estrechar el cuerpo de María. Después de todo, pensándolo bien, no estaba en un árbol seco. Había otros más desgraciados que yo. Por otra parte, mamá tenía la idea, y la repetía a menudo, de que uno acaba por acostumbrarse a todo.
  • "Entonces Dios le ayudará" hizo notar. "Todos cuantos he conocido en su casa han vuelto a Él." Reconocí que estaban en su derecho. Probaba también que tenían tiempo para hacerlo. En cuanto a mí, no quería que me ayudaran y precisamente no tenía tiempo para interesarme en lo que no me interesaba.

CHARLOTTE

- Estoy perdida. ¿Eso tiene arreglo?
- No. Sí. Ya se arreglará.
Lost in Translation

La ciudad me invita
a la soledad,
no sé si es
por la ausencia de ti
o por el ruido que hacen las personas
al pasar por mi lado,
pisando fuerte
para que no pueda recordar tu voz.

Soportar
que alguna vez hubo un beso,
y que recitas, y cantas,
pero no sólo para mí.

Desgraciadamente
la distancia
no es mi mejor solución;
Prefiero apoyarme en tu hombro
y hablar,
o fumarme un cigarro
mientras noto
que no sabes qué decirme.

Porque a veces te veo
como mi Bill Murray particular
y creo que puedes salvarme,
y que yo puedo salvarte un poco.

Siempre nos quedará Tokio…
Y algo más:
Algún que otro beso
y respirarnos sin querer.


ENEMIGO ÍNTIMO



Es muy fácil odiar el tiempo. Es muy fácil odiarlo cuando pasa demasiado lento y la monotonía nos aplasta, pero también cuando pasa tan deprisa que un beso se queda en nada.
El tiempo, nuestro enemigo. Es inevitable, infinito, nos confiará la muerte algún día y, sin embargo, de momento sólo me interesa pensar en el ahora. Aunque cada vez se me hace más difícil y no haga nada más que darle vueltas a eso del futuro. Un futuro en el que seré un poco más vieja, un poco más torpe, no sé si tendré las mismas esperanzas que ahora tengo, no sé si seguiré teniéndote a mi lado o simplemente serás un pasajero más en mi memoria…
El tiempo debería escribirse en mayúsculas (así: Tiempo) porque es invencible. A esta edad en la que la gente empieza a respetarte un poco más y con la que he llegado a desengañarme de la realidad (cosa que no recomiendo, a veces la ignorancia o la indeferencia parecen las mejores medicinas) he optado por un mundo de sueños que es, digamos, algo más sano que el nuestro. Creo que mi mundo no es imposible, pero el Tiempo avanza muy rápido y nosotros somos muy lentos, y cuando el Tiempo se decide a ir más despacito, nosotros no hacemos nada. Es invencible, claro, y ahora casi nadie quiere “luchar por luchar”, y los sueños… ¡sueños son!
La verdad es que es inútil pensar tanto en el Tiempo porque vivimos por y para él: los relojes son nuestros aliados –o enemigos también, como prefiráis-, los cambios horarios nos descolocan, los calendarios nos adentran en un año concreto… Yo soy lo que en todo este Tiempo he hecho y he vivido, así que me puedo permitir el lujo de decir que “hay que aprovechar el Tiempo que nos queda”, pero también que “hay que hacer y vivir el Tiempo que nos queda”.
Como muy bien expresa un proverbio chino:

DATE PRISA. ES MÁS TARDE DE LO QUE IMAGINAS.

Y que el Tiempo me perdone por intentar darle de lado.