CUESTIÓN DE AMOR



Tú me llamaste princesa,
yo te respondí con un suspiro
que no supiste interpretar.
Nunca te pedí nada a cambio.
Tú, trovador andante;
yo, filósofa de un amor
que no entendía.

El tiempo y la vida
nos enseñan a ser poetas
y a vivir cuentos de hadas
que engañan a primera vista.

Me siento en un rincón
a esperarte y, por más
que lo pienso, no se por qué
te echo tanto de menos.

-Te quejas de vicio,
me dijo.
Y el vicio me sonrió,

perverso desde su trono,
fumándose un cigarro.

VOLVAMOS UN RATO A GRANADA

Así es. Así fue.
Con las noches tranquilas
y los días que pasaban
deprisa.
Comprendimos que todo
camino conduce a la
catedral,
y que nada queda
demasiado lejos
si son veinte minutos
andando.
El Albayzin
nos sorprendió
con sus casas y sus calles,
nos costó asumir
las cuestas del Realejo,
y siempre,
tras los pasos de algún
que otro poeta,
teníamos motivos
para sonreír.
Las vacaciones premeditadas
son dulces
pero terribles
cuando las dejas atrás
(todavía me parece
sentir esa tranquilidad,
ese acento
que imito tan mal...)




Hace frío en Madrid.
Volvamos un rato a Granada.


LA ENEIDA: ENEAS Y DIDO

Tan pronto como el héroe troyano estuvo junto a ella y la reconoció en la oscuridad de las sombras, como el que en los comienzos del mes ve o cree haber visto surgir la luna entre las nubes, estalló en llanto y le habló con dulce voz de enamorado:
"Desgraciada Dido, ¿era cierta, pues, la noticia que me había llegado de que habías muerto y de que con el hierro habías llevado tu desesperación hasta las últimas consecuencias?; ¿fui yo, ay, la causa de tu muerte? Te juro por los astros, por los dioses superiores y por la lealtad, si es que hay alguna en las profundidades de la tierra, que abandoné, reina, tus costas contra mi voluntad. Pero las órdenes de los dioses que ahora me obligan a caminar a través de estas sombras, a través de estos lugares repugnantes por el moho, y de la noche profunda me obligaron con sus avisos imperiosos; y no pude pensar que con mi partida te iba a ocasionar este dolor tan grande. Detén tus pasos y no trates de escapar a mis miradas. ¿De quién huyes? Por decisión del destino es ésta la última vez que puedo hablar contigo".
Con éstas palabras trataba Eneas de calmar su alma enfurecida que le lanzaba torvas miradas y de provocar sus lágrimas. Ella con la cabeza vuelta mantenía sus ojos clavados en el suelo y su rostro no se conmovía con este intento de conversación más que si fuese duro sílex o un bloque de mármol de Marpeso. Por fin comenzó a andar precipitadamente y huyó hostil al interior de un bosque sombrío donde su primer esposo Siqueo comparte sus cuidados y corresponde a su amor. Y Eneas conmovido por tan inicua desgracia la sigue a lo lejos llorando y al verla alejarse siente compasión.

DICHOSA PALABRITA

Eres libre.
Piensa bien en esta palabra:
Libre.

Para pensar y actuar
con relativa libertad
necesitarás
-aparte de verlo para creerlo-
repetirte unas cuantas veces
la dichosa palabrita:
Libre, libre, libre…

¿Quién?
¿Por qué?
¿Quién ha decidido
que tú seas libre?
Es cierto
que es algo que no eliges,
pero también
es algo que necesitas.

Sin embargo,
a veces te esperan ahí fuera,
con los brazos abiertos sólo
si haces lo que ellos quieren.
Entonces yo te digo,
repítetelo una y otra vez:
Libre, libre, libre…
Y empezarás a creer
un poco más en ti.

EN EFECTO

Todo lo infinito
y un poco más,
para que me digas
que me quieres
y yo te responda
con una carcajada.

¡NIEVE!



¿Hay algo más mágico
que la nieve?
Pegada al radiador,
abro la ventana
y respiro el frío blanco.
Me imagino contigo,
me pienso contigo,
bajo la nieve,
un montón de copos
cayendo sobre ti,
y tu sonrisa.
La calle inundándose
de hielo,
los coches enfermando
congelados…
Pero yo, contigo,
siendo tú,
disfruto de esta postal
mientras no sea
demasiado tarde.
¿Hay algo más mágico
que la nieve?