MIEDO

Quizás tienes miedo,
pero no te das cuenta
de que yo también estoy temblando
aquí,
a tu lado,
contagiada por tu respiración.

Me falta poesía para describirte.

Simplemente,
y a pesar de tener tanto miedo,
de ser tan cobarde,
te necesito.



EVASIÓN

Hay veces
en las que echamos
de menos un mar,
un barco,
y una compañía.
Olvidar el amor
y dedicarse al sol,
abandonar la soledad
por un poquito de aire,
y de lluvia.
Añoramos un mar
y un momento
porque queremos estar lejos,
pero luego aquí,
en el fondo nuestro sitio,
siempre hay algo
que tira de nosotros.

RECUERDOS DE UNA DAMA




Los recuerdos me llevan
a escándalo
y días de secretos.
Me has rozado la mano
y he sentido cómo
se me había olvidado
cuando a veces me la cogías
por la calle,
fingiendo despreocupación.
Los recuerdos me llevan
a momentos de calor
y el pequeño pecado
de estar a tu lado.
A veces no es
tan difícil volver a ti,
pero sí recordar todo aquello.

Como dice Sabina:
“Hay caprichos de amor
que una dama no debe tener”.

Me da la impresión,
sin embargo,
de que en estos tiempos
es mucho más fácil
dejar de ser una dama
que dejar de ser caprichosa.

INSTANTE... O NO

Tengo dos opciones:

La primera, la complicada,
es no temer al instante
(que yo llamo
“instante contigo”)
y atreverme,
lanzarme
adonde sea que me lleve
este camino.

La segunda, la más probable,
es ignorar ese instante
(por si acaso te asusto)
y aprender a vivir
sabiendo que día tras día
puedo quererte un poco más.

PORTALES



Es una práctica
casi medieval:
Él te acompaña a casa
y tú finges que
no te importaba
ir sola.

Las despedidas
siempre se alargan
en los portales,
pero los besos
parecen más cortos
cuando hay algo de prisa.

Sin molestar a nadie
os abrazáis,
y el vecino de turno
pasa rápido,
abrumado de vergüenza
y de envidia.

De vez en cuando miráis
la hora por obligación,
y os vais despidiendo
con la mirada
(siempre es más fácil
despedirse con la mirada).

Los portales
se alegran de noche
con enamorados
de amor, y besos fugaces
rodeados de eco
y paredes.